Quiero empezar diciendo algo: yo nunca fui el chico 10.
Fui el que aprobaba materias a la fuerza. El que se llevaba materias. El que escuchó demasiadas veces un "no": no podés salir porque te está yendo mal en el colegio, no te podés ir de vacaciones, tenés que estudiar, tenés que esforzarte más.
Y aunque en ese momento no lo entendía, hoy hay algo de todo eso de lo que me siento profundamente orgulloso: desde muy chico aprendí a fracasar y a volver a levantarme.
El chico que se llevaba materias
Sí, siempre me llevé materias. Y, paradójicamente, eso me enseñó muchísimo.
Pero no aprendí Filosofía. No aprendí Química.
Aprendí resiliencia.
Aprendí lo que significa esforzarse cuando las cosas no salen. Aprendí a aceptar una derrota, a quedarme afuera de planes con mis amigos, a no irme de vacaciones y a entender que, a veces, querer algo no alcanza: también hay que esforzarse, hacerse responsable y volver a intentarlo.
Aprendí, básicamente, a fracasar.
Aprendí, básicamente, a fracasar.
Con los años entendí que esa fue una de las materias más importantes que me enseñó el colegio, aunque no figurara en ningún boletín.
Lo que aprendí en lugar de aprobar
Cuando miro hacia atrás, puedo nombrar con claridad qué me dejaron todos esos "no" y todas esas materias que se me llevaron a diciembre:
- Esforzarme cuando las cosas no salen como esperaba.
- Aceptar una derrota sin convertirla en excusa.
- Quedarme afuera de planes con amigos y entender por qué.
- Aceptar que querer algo no alcanza: también hay que hacerse responsable.
- Volver a intentarlo después de haber fracasado, otra vez.
Ninguna de esas cosas aparece en un certificado. Pero son, con el tiempo, mucho más útiles que la mayoría de las materias que sí aprobé.
Fracasar de chico, no ser "el 10", equivocarte, caerte y tener que volver a intentarlo te prepara para algo mucho más importante que aprobar un examen: te prepara para la vida.
No ser el mejor del curso no significa que hayas fracasado. A veces, aprender a fracasar de chico es justamente lo que te prepara para no rendirte de grande, cuando las notas dejan de existir y lo que realmente importa es tener la fortaleza para levantarte cuando la vida te golpea.
El chico 10 contra el chico 4
Con el tiempo empecé a notar un patrón entre las historias de gente que conozco: hay una diferencia real entre haber sido "el 10" toda la vida y haber tenido que pelear cada aprobado.
| Aspecto | El chico 10 | El chico 4 |
|---|---|---|
| Relación con el error | Lo evita, porque no está entrenado para él | Lo conoce de memoria, lo espera |
| Motor principal | Aprobar, cumplir la expectativa | Entender, sobrevivir, avanzar |
| Ante un fracaso adulto | Puede quebrarse por falta de práctica | Ya sabe cómo se sale de ahí |
| Fuente de aprendizaje | El sistema (colegio, notas) | La vida misma, fuera del boletín |
No es una tabla para decir que uno es mejor que el otro. Es una forma de mostrar que el camino del "chico 4" también enseña algo, aunque el sistema no lo mida.
Los "no" que en realidad eran acompañamiento
Hoy también entiendo algo que en ese momento no podía ver: detrás de cada uno de esos "no" había padres que me acompañaban, que me apoyaban y que estaban intentando enseñarme a hacerme responsable de mis propias decisiones.
Nunca dejaron de creer en mí.
Simplemente me enseñaron que creer en alguien también significa prepararlo para cuando las cosas no salen como espera.
Eso cambia por completo cómo leo esos "no" hoy. No eran castigo. Eran entrenamiento.
De WordPress a Phoenix, Arizona
Hoy, aquel "chico 4" es director de un área de desarrollo en una empresa de Los Ángeles, Estados Unidos.
Y hoy, después de tantos años de perseverancia, resiliencia y aprendizaje autodidacta, fui invitado por Automattic, la empresa detrás de WordPress, a participar de una WordCamp en Phoenix, Arizona.
WordPress es la herramienta con la que trabajo desde que tengo 14 años. Y quizás por eso esta invitación significa mucho más para mí que simplemente viajar a un evento.
Porque cuando miro hacia atrás, inevitablemente veo a ese chico que se llevaba materias. Al que le decían que no podía salir. Al que veía cómo sus amigos hacían cosas que él no podía hacer. Al que tuvo que aprender, muchas veces a la fuerza, que las decisiones tienen consecuencias y que había que esforzarse para conseguir las cosas.

Qué hacer si fuiste (o eras) el chico 4
Si te reconocés en esta historia, esto no es para que te victimices ni para que te des una medalla. Es para que uses lo que ya aprendiste de la forma difícil.
- Escribí las tres veces que fracasaste más fuerte en tu vida académica o laboral.
- Anotá qué aprendiste de cada una, aunque en ese momento no lo hayas visto.
- Identificá si hoy, como líder o fundador, seguís evitando el fracaso propio o el de tu equipo en lugar de gestionarlo.
- Preguntate si estás dejando que la gente que lidera se equivoque y vuelva a intentar, o si solo premiás el resultado perfecto.
- Contale a alguien joven que se está llevando materias que eso no define nada todavía.
Nadie te va a evaluar por esta lista. Pero es más honesta que cualquier boletín.
Lo que esto significa para quien lidera equipos
Esta historia no es solo personal. Tiene una consecuencia directa para cualquiera que esté evaluando a quién sumar a un equipo técnico o a quién poner al frente de un proyecto.
La resiliencia no se enseña en un curso
Se construye fracasando en serio y volviendo a intentar, no leyendo sobre el tema.
El aprendizaje autodidacta deja marca
Quien aprendió solo, por necesidad, suele tener una curiosidad que no se fuerza.
El boletín perfecto no predice nada
La mejor nota no dice cómo alguien reacciona cuando algo sale mal de verdad.
Cuando evalúo talento, o cuando pienso en quién puede sostener un proyecto bajo presión, dejo de mirar solo el currículum perfecto. Miro si esa persona alguna vez tuvo que levantarse de algo y cómo lo hizo.
Lo que le diría al chico que se llevaba materias
Si hoy pudiera volver atrás y hablar con ese chico, le diría: tranquilo.
No necesitabas ser el chico 10. Necesitabas aprender a levantarte.
Porque muchos años después, no fueron las notas las que te trajeron hasta acá. Fue tu perseverancia. Tu curiosidad. Tus ganas de aprender por tu cuenta. Todos los "no". Todos los errores. Todas las veces que algo salió mal y decidiste intentarlo una vez más.
Y, por supuesto, también estuvieron aquellos que siempre creyeron en vos, incluso cuando todavía no sabías muy bien cuál iba a ser tu camino.
Hoy entiendo que quizás el chico 4 también estaba aprendiendo. Solo que su materia no figuraba en ningún boletín.
Estaba aprendiendo a no rendirse.
Si estás liderando gente, contratando gente o formando parte de un equipo técnico, dejá de buscar solo el mejor promedio. Preguntá, en cambio, cómo reaccionó esa persona la última vez que algo se rompió de verdad.